Córdoba en seis circuitos
VALLE DEL GUADALQUIVIR: BIODIVERSIDAD Y TRADICIÓN
La comarca del Alto Guadalquivir, a la que pertenecen los municipios de Adamuz, Bujalance, Cañete de las Torres, El Carpio, Montoro, Pedro Abad, Villa del Río y Villafranca de Córdoba, es un destino de contrastes y rutas que persisten en la memoria.
Con el pulmón del Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro, tenemos a nuestro alcance un sinfín de senderos para recorrer a pie, a caballo, en burro o en bici, disfrutando de una flora y una fauna excepcionales, con la que intimaremos en el Centro de Visitantes Venta Nueva, en Cardeña. Entre los meses de septiembre y octubre, la berrea se revela como uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza, una sinfonía de sonidos y movimientos interpretada por los ciervos macho, que luchan por aparearse. Por su parte, el Monumento Natural del meandro del Guadalquivir, entrada sur del citado parque, engatusa en Montoro a los gourmets de la fotografía de paisajes.
En Villafranca de Córdoba, las aguas del Guadalquivir nos mecen en una refrescante sesión de piragüismo, antes de zambullirnos en el Parque Periurbano de Fuente Agria, con sus cerca de ochenta hectáreas. Un observatorio de aves, inaugurado en 2015, corteja el espectáculo de la migración de aves desde la campiña a la meseta castellana, para delicia de los amantes del birdwatching. Y una fuente de aguas ferruginosas nos llena de salud entre el perfume de los pinos piñoneros y los eucaliptos.
El circuito por el Alto Guadalquivir culmina en los Montes Comunales de Adamuz, donde ciervos, jabalíes y zorros se enseñorean en su hábitat; sin olvidarnos, claro está, del Centro del Olivar de Sierra, un espacio interpretativo en los terrenos de la antigua Fábrica de los Máynez, que pone de relieve la importancia del olivar en la cultura y la economía local (la Denominación de Origen Montoro-Adamuz avala la excelencia de estos aceites). Con el runrún del oro líquido en el paladar, nos desplazamos a Cañete de las Torres, localidad que presume de una coqueta torre del homenaje del siglo XIV, para disfrutar de una experiencia gastronómica con cata de aceite ecológico en un taller de cocina.
Y del Alto Guadalquivir al Valle Medio para conocer el Río Secreto de Hornachuelos, que no es exactamente un río, sino un parque de aventura que cuenta con el mayor circuito de tirolinas de España en un entorno urbano. Aunque río hay, ojo: el Bembézar, en cuya orilla prospera este recinto que disparará nuestra adrenalina con un rocódromo, actividades de salto al vacío o gymkhanas deportivas. Para visitar y para quedarse, merced a su complejo rural con capacidad para 150 personas.
La oferta cultural del Valle Medio del Guadalquivir redobla en otras tres localidades: Posadas, Almodóvar del Río y Palma del Río. En la primera, destaparemos las esencias del valle a través de la ruta americanista, con hitos como el Pilar de Triana o la Biblioteca Inca Garcilaso, el mestizo que transcribió los recuerdos del expedicionario de la Florida Gonzalo Silvestre, fallecido en Posadas. El palacio de los Marqueses de Villaseca y el histórico Barrio de la Morería preceden nuestro deambular por un parque periurbano en la finca municipal La Sierrezuela, donde se han localizado algunos monumentos megalíticos.
En Almodóvar del Río, el Taller de Escultura de José Manuel Herrera es un excelente prefacio para apreciar el talento local con la piedra caliza, bajo la atenta mirada de un castillo en el que se rodaron diversas escenas de la serie Juego de Tronos.
Por último, no nos iremos de Palma del Río sin admirar su recinto amurallado, muestra de la arquitectura defensiva almohade, que, con sus 780 metros, es uno de los más completos de Andalucía. El perímetro abraza un conjunto patrimonial en el que sobresale el palacio de Portocarrero y, para los amantes de la tauromaquia, la Casa-Museo de Manuel Benítez, el Cordobés.
LOS PEDROCHES: EL LENGUAJE DE LA TIERRA
La comarca de Los Pedroches, con su horizonte de dehesas de encinas y alcornoques, es un tesoro natural al noroeste de la provincia. Conocido por los árabes como Valle de las bellotas, el enclave ha forjado una cultura enraizada en la ganadería extensiva, en la que la cría del cerdo ibérico, Denominación de Origen (DO) Los Pedroches, produce algunos de los mejores jamones ibéricos de bellota. Por si no fuera suficiente, también ha sido declarada Reserva Starlight por la UNESCO.
Amanece el día en Pozoblanco, donde disfrutaremos de un recorrido guiado por el Coso de Los Llanos, fatal escenario de la cogida del torero Paquirri en 1984. Entre tanto, la Plaza del Pozo Viejo alberga la histórica Casa de la Viga, hoy convertida en un museo de oficios tradicionales.
La jornada prosigue con una visita al Centro de Interpretación de la Ganadería de Los Pedroches, en Añora, donde nos ilustraremos sobre las prácticas ganaderas y participaremos de una degustación de productos ibéricos. Un almuerzo será la mejor puesta en práctica de estas teorías.
Y en Dos Torres, Conjunto Histórico Artístico, ahondaremos en la tradición de su arquitectura popular, con hermosas casas solariegas de portadas blasonadas.
Seguiremos, el segundo día, en Hinojosa del Duque y Belalcázar, que conservan importantes joyas arquitectónicas. En la primera, sin ir más lejos, la imponente iglesia de San Juan Bautista, conocida como la Catedral de la Sierra, con su espléndido retablo y sus columnas decoradas del siglo XV. La entrada a un secadero de jamones, con cata de productos ibéricos incluida, nos permitirá experimentar el proceso de curado y disfrutar del sabor inconfundible de ese producto tan nuestro. Si vamos en agosto, la localidad se engalana para la representación de obra La Vaquera de la Finojosa, del dramaturgo cordobés Francisco Benítez, inspirada en un poema del marqués de Santillana.
Tras almorzar en esa misma localidad, saltaremos a Belalcázar, donde se alza el castillo de los Sotomayor-Zuñiga, del siglo XV, con la torre del homenaje más alta de la península ibérica. Asimismo, el convento de Santa Clara, declarado BIC en 1982, llama la atención por sus artesonados mudéjares.
VALLE DEL GUADIATO: HISTORIA MINERA Y CULTURAL
La comarca del Valle del Guadiato, al noroeste de la provincia, nos atrapa por su variado patrimonio natural, que va de la sierra y la dehesa al paisaje estepario de su zona norte. Su valioso legado minero-industrial ofrece un abanico de posibilidades para escudriñar toda esta herencia.
Durante tres días, materializaremos nuestro plan, partiendo de Peñarroya-Pueblonuevo. Su Museo Geológico-Minero alberga una impresionante colección de fósiles y minerales, mientras que el Cerco Industrial de Andalucía, un conjunto de estructuras históricas, como el almacén central diseñado por el equipo de Gustave Eiffel, exhibe la importancia de la minería en la economía regional. Antiguas locomotoras a vapor y otros vestigios aderezan el recorrido.
Dedicaremos el segundo día al “decorado” de la obra de Lope de Vega Fuenteovejuna, que no es otro que el municipio de Fuente Obejuna, con su Palacete Modernista, de principios del siglo XX, residencia antaño de un rico burgués. En la cercana aldea de Posadilla, el Museo de Costumbres Populares imparte una lección magistral sobre la historia y las tradiciones de este pueblo.
Por último, el castillo de Belmez, guardián del Guadiato, se yergue sobre una roca que nos dispensa unas magníficas vistas tanto de Peñarroya-Pueblonuevo como de Fuente Obejuna. Antes de conquistarlo, nos daremos el gusto de fotografiar el patio ermitaño, un irresistible rincón que ha triunfado varias veces en el certamen provincial de Patios, Rincones y Rejas de Córdoba. La visita al dolmen neolítico de Casas de Don Pedro, construido en torno a 2000 a. C., completará la excursión por la comarca.
CAMPIÑA SUR: ENTRE VIÑEDOS Y BODEGAS
Al sur de la provincia de Córdoba, la comarca de la Campiña Sur, con su vino Denominación de Origen Montilla-Moriles y ese sutil aire a la Toscana, nos inspira un cuento sobre bodegas, castillos y lagunas misteriosas. Entre sus muchas rutas, nos aproximaremos a una que, durante tres días, hermana historia, paisaje y vino en Montilla, Montemayor, Fernán Núñez, Santaella y Moriles.
Montilla y Montemayor acaparan la primera jornada, con una profunda inmersión en la cultura vitivinícola de la región. En Montilla, abriremos los ojos al sistema de crianza de soleras y criaderas en una bodega tradicional, mientras realizamos una cata de tres tipos de vinos dulces, variedad Pedro Ximénez, con otras tantas clases de chocolate. Al atardecer, nos desplazaremos a Montemayor, que cuenta con un castillo de tres torres –la del homenaje, la Mocha y la de las Palomas– en torno a un patio de armas claustrado. Atiende al nombre de Castillo Ducal de Frías y, en la actualidad, es propiedad de una particular. También en Montemayor reservaremos tiempo para el Museo de Ulía y el Centro de Interpretación Memorias del Pedro Ximénez.
El segundo día, Fernán Núñez y Santaella fijan nuestras miradas y nuestros pasos. En la primera, visitaremos la Plaza de Armas y el Palacio Ducal, mientras que en Santaella conoceremos su castillo y la iglesia de la Asunción, la llamada Catedral de la Campiña, en una experiencia regada por vinos ecológicos.
Finalmente, en Moriles haremos un alto en el camino en el Centro de la Cultura del Vino –un museo interactivo– y en una bodega, donde una cata guiada nos descubrirá todos los matices de esos caldos. La jornada bien puede culminar en el Museo del Mosto.
EL GUADAJOZ: EL RÍO QUE NOS LLEVA
Situada entre el sur del Alto Guadalquivir y las Sierras Subbéticas, esta comarca, cruzada por el río Guadajoz que le da nombre, se extiende entre olivares milenarios. Su reconocido aceite de oliva con Denominación de Origen Baena es parte ineludible de su atractivo, junto con la artesanía en madera de olivo. Por este territorio transcurre, además, el Camino Mozárabe.
Baena, Castro del Río, Espejo, Nueva Carteya y Valenzuela son las cinco puntas de la estrella, y en Baena, precisamente, iniciamos el periplo, con el Museo del Olivar y del Aceite, cuyas instalaciones se hospedan en el antiguo molino de José Alcalá Santaella. Ya en la pedanía de Albendín, a un cuarto de hora de Baena, visitaremos un cortijo con almazara de aceite ecológico.
A Castro del Río dedicaremos la segunda parte de esta experiencia, con una revista al Centro de Interpretación de la Madera de Olivo, que contiene numerosas herramientas y utensilios vinculados a este noble trabajo.
Por último, no nos resistimos a auscultar el corazón de Espejo, donde sobresalen el castillo de Alcalat, sus iglesias y, cómo no, su gastronomía, en la que el chorizo y la chacina tienen mucho que decir. Si vamos entre octubre y noviembre, atentos a la tradicional Fiesta de la Matanza del Cerdo.
SUBBÉTICA: PATRIMONIO, NATURALEZA Y RISAS
La Subbética, al sur de la provincia, vibra con el rico pasado medieval de sus pueblos y la blancura de sus fachadas. Famosa por su aceite de oliva, protegido por la D. O. Priego de Córdoba, la comarca nos convida a un sinfín de actividades al aire libre.
En la cara A de este trayecto, escucharemos los ritmos de Lucena, Cabra, Almedinilla, Priego de Córdoba y Zuheros; y en la B, los de Iznájar, Benamejí y Rute.
Como Lucena, la Perla de Sefarad, es nuestro primer destino, dejémonos llevar por el pasado judío de la antigua Eliossana, reflejado en el Museo Arqueológico y Etnológico, el castillo del Moral y su necrópolis. Por la tarde, en Cabra, compareceremos en el Museo de la Pasión y en el Museo Arqueológico, donde se recrea el templo de Mitra. Ya en Almedinilla, el segundo día, cruzaremos las puertas del Museo Histórico-Arqueológico y visitaremos el poblado íbero del Cerro de la Cruz y la Villa Romana de El Ruedo. Por su parte, en Priego de Córdoba, gozaremos de sus calles barrocas, su Barrio de la Villa, de origen musulmán, y la barroca Fuente del Rey.
Entre tanto, Zuheros nos soplará los secretos de la Cueva de los Murciélagos y del Castillo-Palacio, privilegiado mirador del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, para culminar con una degustación en una quesería local (y, si nos puede la osadía, con un poquito de deporte en una vía ferrata).
Otra propuesta, un poco más audaz, mira hacia la aventura acuática y deportiva, con el embalse de Iznájar y el río Genil como referentes. En Iznájar, el kayak y el paddle surf constituyen dos excusas perfectas para imbuirnos del entorno del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, con sus olivares y promontorios, mientras que en Benamejí podemos practicar rafting en el Genil de la mano de profesionales. Como despedida, nos relajaremos en las calles de Rute, con atracciones como la Casa del Burro, un refugio para estos animales en el paraje del Pinar de la Sierra de Rute.